EL DESCENSO DE LA LUZ GALACTICA IV

 Guía # 20 – Peldaño 17 Camino a Tierra desde el 21.12.2012

Entonces, Amigos, es  hora de atender en nuestro Edén, jardín interior del ser, a las semillas de la Luz Galáctica recibidas el Día Inicial del 5º Sol Maya (cuyo primer B´aqtun empezó el 21.12.2012 y durará 394.52 años de 365 días o 400 años de 360 días.)  No hay tiempo que perder; no dejemos pasar esta hermosa oportunidad de avanzar en el Sendero de la Liberación del ser, a conquistar la Conciencia Cósmica, el Reino del Hijo del Hombre,  siguiente escalón evolutivo de la vida terrestre.

El paso previo, que se supone se ha venido practicando desde hace tiempo, es impedir que resurjan las malezas y plagas que nos contaminan: no volver a las andadas, no caer en viejas actitudes dañinas para sí mismo y para quienes nos rodean, descartar ideas, conceptos, emotividades, vocabularios, sombríos, que en nada contribuyen al logro de la felicidad y la armonía social. Revaloremos la condición humana hoy presente en la Tierra.

En fin, una higiene espiritual, un tratamiento preventivo para evitar esa recaída constante, que no es algo solamente individual, pues ha ocurrido a lo largo de la historia en la vida de los pueblos y sociedades.  Inconscientemente la sociedad nos modela según sus trastornados parámetros, y puede atraparnos nuevamente.

El tratamiento más directo a aplicar es una meditación especial, orientada a esa conquista, al Encuentro con la Fuente suprema, y basada en postulados bien definidos.  Hay muchas clases de meditación, la mayoría no conducen a esa transformación profunda que es la finalidad importante, en vez de quedarse a mitad de camino, en estados mentales fantasiosos.  Para avanzar hay que abatir el ego, el falso ego, y cultivar el interno desapego.

Un primer postulado al meditar es tener presente lo ocurrido ese Día Inicial para mantenerse en constante comunión con la Luz Galáctica descendida por Voluntad de Lo Eterno.  Es el poder que nos permitirá abrir brecha en la selva de la ignorancia.

Pero no podremos realizar esta jardinería, esta Homocultura sagrada, si seguimos viviendo según el viejo tiempo, el viejo calendario, esa filosofía caduca que nos hace indiferentes a los procesos del tiempo verdadero, el tiempo como ritmo, compás, armonía y belleza.  Ajustemos nuestros pasos en el diario vivir al calendario sagrado, que nos permite actuar y desenvolvernos caminando por las rutas de ese tiempo verdadero.  Tiempo que ya se ha explicado en los 19 Mensajes anteriores. En éstos se han dado instrucciones suficientes sobre el Calendario Tzolquín, Cholq´ij (año de 260 días).  Pero por la debilidad cerebral tan frecuente en este mundo desacralizado, que lleva al olvido y a esa mentira de “no tengo tiempo”, hay necesidad de recapitular.  Como bien dice nuestro Guía espiritual, el Maestre S. R. de la F., “en este terreno repetirse no es falta.”

La 4ª Era Mayaab comenzó el día 4 Ajaw, mes 8 Kumk´u, B´aqtun 13 (13.0.0.0.0)[1] (la llamada Fecha Era, fecha cero del calendario maya) (11.8.3114 a.C., del calendario gregoriano), cuando una deidad reformadora, Wak Chan Ajaw,[2] ordenó que fuera reemplazado un fogón de tres piedras (jeblaj k´o´b), acontecimiento mítico que implicó  la generación de un fuego nuevo,  que calentaría el universo durante la siguiente Era (que acaba de terminar.)  La estela C de Quiriguá, Guatemala, celebra el momento cuando Las tres Piedras de la Creación fueron plantadas.[3]  La constelación de Orión representaría las 3 Piedras, las 3 energías base de la “Creación”, colocadas en forma de triángulo.

Las piedras del fogón  fueron representadas por tres tronos pétreos, que simbolizaron cada nivel del cosmos: el Cielo, la Tierra y el Inframundo; tronos que fueron fijados por los Dioses Remeros.[4]  (Ellos, Hunahpù e Ixbalanqué, navegan por el cielo llevando al padre, Hun Hunahpú, al lugar de las 3 Piedras; éste porta los granos de maíz cósmico, las Pléyades, que ascendieron al cielo junto con los gemelos.)  El establecimiento de estos niveles  marcó el orden sagrado que regiría en el mundo.  La regeneración mítica del fogón cósmico, acto divino ejemplar,  lo reflejaban ritualmente los Mayas en sus ceremonias de año nuevo, como reiteraciones o evocaciones de ese acto mítico, durante el wayeb o cinco últimos días del ciclo anual; entre otras prácticas, se apagaban y luego se encendían nuevamente los fogones hogareños.

El segundo postulado se desprende de ese fuego sagrado que arde en el seno del hogar: la comunidad familiar.  Allí, de la Madre, brotan los hijos de la Humanidad; allí se gesta toda civilización y cultura; allí logramos nuestro primer nacimiento, y allí hemos de procurar el segundo Nacimiento, el que anunció el Cristo.  No en espacios públicos ni en actos multitudinarios, no, sino en la intimidad, donde reina, o debe reinar, el verdadero amor, el sublime poder que funda la familia, la comunidad, la sociedad, la nación, la civilización, la cultura, hasta la obra cumbre del acto creador: la Humanidad iluminada por el Amor.  La meditación no ha de ser, en consecuencia, un acto de espiritualidad egoísta y por lo tanto falsa, sino un acto de desprendimiento, proyectado hacia los seres queridos del círculo íntimo y enseguida hacia todos los seres en general.

Y he aquí el tercer postulado:  el desprendimiento. Estos planeamientos se irán concretando en los próximos mensajes.

¡Oh Tú que estás en el Cielo y en la Tierra!  ¡Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra!  ¡Uk´Ux Kaj Uk´Ux Ulew!  ¡Danos muchos buenos caminos, caminos planos, y  que los pueblos tengan paz, sean felices y tengan buena y útil existencia!

 ¡Abuela de la Luz, Abuelo del Sol!  ¡Que amanezca y que llegue la Aurora!

 

¡PASH…   AL LAK´EN…!

Soberana Orden Solar de Chichén Itzá

T.A-O  Domingo Días Porta

6 Qánil  (Lamat), 11 Muwan (0 B´aqtun)

16º Capricornio, Año LXV Edad del Acuarius

(Valle Verde,  Venezuela, 18.1.2013, Día del  X Avatar)

El Camino del Guerrero Jaguar

(I PARTE)

En un floreciente reino maya de tiempos ya olvidados, había una extraña sociedad de guerreros defensores de la cultura: los Señores Jaguar, quienes vivían en una sorprendente integración con la naturaleza tropical, tan fecunda y desafiante. Su oficio no era la guerra sino combatir la enfermedad, el sufrimiento, la debilidad y la ignorancia a los que está expuesto todo ser humano de cualquier época o lugar.

Para ello, se dedicaban a promover el desarrollo total de las capacidades inherentes a la naturaleza humana, la cual consideraban contenía en forma latente muchos de los poderes de otras especies por ser el hombre un resumen de la evolución natural. Ese desarrollo lo lograban aplicando admirablemente un conjunto de métodos que llamaban Balam Chac Mol Sacbé, El Camino Blanco del Jaguar de la Garra Roja.

Como lo insinúa ese nombre, el método se fundamentaba en el aprendizaje de las habilidades del jaguar para sobrevivir y adaptarse a la naturaleza. Tomaban el jaguar como emblema de esa sociedad porque desde tiempos remotos los mayas llamaban Balam o Jaguar a una de las constelaciones de su zodíaco, en correspondencia con las energías que ese sector del cielo irradia hacia la tierra (Balam se corresponde a Piscis en el zodíaco caldeo), porque consideran que el jaguar tuvo que ver con el origen de la humanidad y con nuestras energías vitales, y porque hay posibilidad de comunicarse con él en sueños, revelaciones y encuentros en la selva para recibir ciertos conocimientos vitales para la supervivencia . El jaguar era el soporte o primer cuerpo de la pirámide humana (o sea, del ascenso escalonado y espiral hacia la conciencia cósmica.) El segundo cuerpo, la serpiente ( puente entre tierra y cielo, por así decir), y el águila el cuerpo superior, el cielo.

Así, el jaguar celeste y el terrestre eran compañeros en el camino sagrado del maya, guardianes del saber antiguo de los grandes ancestros que lograron alcanzar la cumbre espiritual, la Libertad Total. Allí, en el Balam astronómico y en el de la naturaleza, los mayas leían códices y mapas que revelaban secretos del Cielo y de la Tierra. Secretos impenetrables, que recibían solo los capaces de sacrificar su corazón, los elegidos como servidores de la Luz. Sin la fortaleza, salud y vigor representados en el jaguar, sin penetrar por su boca hacia los misterios menores y mayores, no había liberación espiritual posible, no se abría la Ruta Celeste… (Véase el apéndice 4.)


   El Guerrero Jaguar

I: EL DESTINO JAGUAR DE UN NIÑO

Cuentan los abuelos que después de un largo período de esplendor, aquel reino sufrió trastornos sociales y naturales así como la invasión de bárbaros extranjeros, todo lo cual trajo una decadencia que expuso sus gentes a una degeneración moral y física. Ya no estaban encarnando las almas luminosas que exaltaron la raza a su grandeza creadora, y la alimentación, base de la salud, no se basaba más en el conocimiento sino en costumbres ciegas.

Siguen narrando que un día tempestuoso cayó un enceguecedor relámpago sobre la plaza de una aldea cercana a la capital del reino, con tal poder que derribó el templo, incendió las casas y mató a casi todos sus habitantes. Unos pocos supervivientes, heridos, huyeron despavoridos hacia la ciudad, donde hallaron refugio y curación. Nunca más regresaron a la aldea, que pronto fue devorada por la selva.

El Consejo Sacerdotal consultó el calendario y los granos de maíz y de tzité (frijol rojo), para poder descifrar el mensaje implícito en ese estruendoso relámpago. Cuando lo lograron, anunciaron al pueblo sus conclusiones:
- Amados Hermanos, a pesar del dolor que nos embarga por la pérdida de seres queridos, el rayo que bajó del cielo trae un mensaje profético alentador para nuestros corazones. El Señor del Fuego Celeste, Canhel (la Gran Serpiente de Vida), enviado de Kinich Ahau (Señor Ojo Solar) bajó con potestad y fugazmente para abrir la ruta cósmica a los seres estelares hacia el resurgir de nuestra cultura. Después de 9 veces 52 años de esta larga noche del espíritu que ha desangrado nuestros corazones, pronto, dentro de 13 años, Balam Rojo de nuestro cielo abrirá sus ojos, y su hijo, Maestro Guerrero Jaguar, volverá. Volverá una vez más, ahora para encauzar nuestras familias hacia el reinado de la sabiduría junto con todos los pueblos de la tierra. Mientras tanto, preparémonos haciendo penitencia y ofrendas a Ahau Hunab K’u (Dios Uno), implorando su compasión. ¡Maestro Jaguar vendrá con el Fuego Nuevo!

 Con gran alborozo, las gentes se congregaron en el patio ceremonial para celebrar con cantos, danzas y espectáculos, la esperanza que renacía en sus corazones, desplazando el dolor de esa larga noche que ocultó al sol de la cultura, gracias al poder del rayo celeste, pierna del Sol invisible.
Lo único que quedó en pie en la aldea fue la efigie pétrea del Balam Chac Mol, sobre la agrietada plataforma del templo, con sus ojos de esmeralda y dientes de jade, que brillaban al resplandor de ese fuego que duró hasta el siguiente amanecer. Además, en una casita al borde de la selva quedó, huérfano y abandonado, un pequeño de cinco años. A la hora de la tragedia dormía sobre el suelo envuelto en una piel de jaguar.

Cuando despertó, se vio colgado de los colmillos de un jaguar que se deslizaba suavemente por la intrincada selva. Su primer impulso fue gritar y llamar a su madre. Pero había algo cálido y maternal en los gruñidos de la bestia, en la delicadeza con que lo llevaba a un destino ignorado, que esa dulce sensación lo hizo adormecerse de nuevo. Iba envuelto en la sedosa piel de un jaguar pequeño que su padre había cazado, y donde su madre solía acostarlo o envolverlo. Tanto le gustaba esa piel, que a veces se la colgaba a modo de capa, como veía a los sacerdotes en sus ritos, o a los danzantes en las noches de luna; y así cubierto se agazapaba en el pozo cercano al cenote, entre carrizos, para asustar a sus amiguitos. Por eso su padre lo llamaba “mi pequeño Balam Chaac”.

Despierta el niño horas después, en una cueva gratamente fresca en la modorra de la tarde tropical. A su lado, acariciándolo con su lengua rasposa, su madre adoptiva con sus dos cachorritos dormidos. No extraña el hogar, lo que quiere es jugar con sus nuevos hermanitos, como lo hacía hasta ayer en la aldea. Un rato más tarde están todos correteando, abrazándose, escondiéndose y acechándose. La madre los contempla complacida.
Poco antes del anochecer llegó el padre con su presa, que devora junto con su compañera. Luego la madre llama a los hijitos para el reposo.
¡Hijitos, llegó papá! ¡A comer y a dormir!

Todos acuden correteando, pero el padre gruñe sorprendido y en guardia ante un olor extraño. Olfatea al pequeño Balam Chaac y mira interrogativamente a su hembra. Ella le responde:
Nuestro hijito atrapado hace años por el hombre malo, ha regresado. Trae su trajecito que le tejí al gestarlo, y un cuerpito humano. Lo recogí cuando Chaac destruyó sus casas y su gente. Yo acudí a su llamado, que me guió hasta el niño que gemía atontado, y olía como nuestros hijitos. Así respondió el cielo a mis ruegos, y se acabaron mis lágrimas.

Está bien, mujer, será nuestro y crecerá junto a nuestros otros hijitos, y cuando sea grande y nosotros viejos, nos defenderá del hombre malo. Esa pielecita que lo protege es señal de que los dioses nos complacen devolviéndonos nuestro primogénito en circunstancias tan extrañas. Yo solo vi fuego en el pueblo, y nuestra imagen de piedra brillando extrañamente. Algo preparan los poderes del cielo para nuestro hijo. Consultemos a los abuelos.

Así lo hizo, y los abuelos, en la siguiente luna nueva, fueron al cenote a consultar  las estrellas. Un ave plateada se apareció y les dijo:
Protejan y eduquen al niño jaguar y humano, en las cosas sagradas. A los 13 años de aprender con ustedes, el Cielo lo pondrá en su camino.
El niño crecía aprendiendo las leyes de la selva, las destrezas y moral de los jaguares,, sus creencias y su idioma, sin olvidar el suyo, con el cual les hablaba a sus hermanitos y a los vecinos, quienes se acercaban reverentes y temerosos a contemplar esa extraña criatura, que apareció en su mundo acompañada de graves presagios… En sus juegos siempre gritaba su nombre, ¡Balam Chaac! ¡Balam Chaac!, en respuesta a los gritos de los demás, mientras saltaba entre la vegetación con sus hermanos y amiguitos. Ese grito mantenía vivo en su mente el recuerdo de su idioma, de los relatos de su padre y los cantos de su madre, así como las imágenes de la aldea.

Pasaron los años. Balam Chaac ya era un competente jaguar, diestro en las artes y técnicas del clan. Dominaba su dialecto, acompañaba al padre en la cacería, ayudaba a la madre, y era un buen centinela en los momentos de peligro. A veces tenía sueños que lo inquietaban, como el de un guerrero de cara humana y cuerpo de fiera, que volaba sobre un precipicio para salvar de la destrucción a una hermosa ciudad con grandes pirámides y jardines maravillosos, y otros sueños donde surgían lugares, situaciones y personajes desconocidos para él. Se los contaba a su padre, quien siempre le respondía escuetamente:

-Algún día sabrás lo que el Gran K’in reserva para ti. Él te habla mientras duermes para prepararte.
 Su padre era un apasionado aventurero, siempre en busca de sorpresas y novedades, invencible galán, y campeón en los deportes de su raza. Todo lo que sabía se lo transmitía a Balam Chaac, quien así crecía valiente y audaz. Pero el joven prefería ir con sus abuelos, que vivían en un refugio en el cerro más alto y eran muy apreciados por sus conocimientos, rituales, consejos y curaciones. Ellos solían contarle raras historias y leyendas que estimulaban su imaginación y su anhelo de conocer esos sitios ocultos y prohibidos. En las madrugadas de luna nueva, los abuelos lo llevaban a un claro en el bosque, muy árido, para contemplar extrañas manifestaciones de formas, colores, cantos y otras que llevaban su mente a un inexplicable estado de ensoñación.

La abuela le enseñaba pacientemente:
La mente es como el espejo de agua que está frente a nuestra cueva. Todo lo refleja y lo contiene. La naturaleza es el espejo del cielo, todo lo que vive en las estrellas como luz vive aquí como formas. El cielo es el espejo del Gran Abuelo Creador, sus pensamientos se vuelven infinitas luces allá arriba. Si sigues entrenando tu mente como te indica tu abuelo, y tu cuerpo, que es reflejo de la mente, como te enseña tu padre, lograrás el propósito que te hizo nacer humano y vivir jaguar. Recuerda: los reflejos conducen a su fuente, la Gran Luz, si no te quedas embelesado en su contemplación, sino que los usas como la boca de la gruta de la sabiduría, así como nuestra boca da paso al alimento. Y si así te comportas, podrás leer en el Gran Libro del Cielo el por qué tuyo, el por qué nuestro, los porqués que inquietan tu mente. Y así podrás extasiarte en la contemplación del Autor de tantas maravillas. No te dejes llevar por la pereza ni por las excusas. Guerrero en los campos de la mente, eso debes ser, para que logres tu misión en la vida. ¡Que nadie te distraiga del verdadero propósito!

La abuela jaguar era su formadora. Siempre le regalaba consejos, advertencias, correcciones, llenos de ternura, bondad y tolerancia: (véase el apéndice 2, al final del cuento).

Mi querido nietecito, estás entrando impetuosamente a tu juventud. Los ardores que por tu sangre te impulsan a actuar, no los dejes descarriarse, ponles riendas. Juega y danza con las muchachas, acarícialas, de allí no pases. Tu raza y la nuestra no deben mezclarse, cada una al despuntar la vida recibió un mandato diferente del Gran Abuelo Creador, el cual debemos respetar. Está cercano el día en que ocuparás un lugar de dignidad en tu mundo humano. No te dejes infectar de ese veneno de las ambiciones ni del afán de poder con que tratarán de contagiarte los perversos. Cuida la belleza de tu corazón. Sirve con amor y respeto a tu pueblo, dignifícalo con tu ejemplo. Que tus ojos guarden las imágenes de nuestro mundo que has compartido, que sean alimento vigorizante para tu mente. Recuerda que estás llamado a una misión de paz, de reencuentro, de retorno a los veneros puros de la sabiduría sin manchas que conduce a la felicidad. Nosotros confiamos en ti, conocemos la marca que traes en tu espíritu, esperamos que un día vuelvas a nosotros para restablecer la Santa Alianza Universal. No somos bestias. Somos tan humanos como ustedes, aunque nuestros cuerpos difieran, así como nuestra lengua. El Dador de la Vida no es copista, es creador, no hace dos cosas exactamente iguales, está dotado de originalidad, de versatilidad; hasta cada cosa, cada ser, cada sociedad, cambia a cada instante. Lo único permanente es la impermanencia, lo único que no cambia es el cambio. No permanezcas estático, ni esperes que tu vida y tu pueblo se mantengan siempre en la misma condición. Como las mareas y las olas del océano, como las estaciones y los árboles, así es la realidad en que nos movemos. Medita mis palabras, mantenlas vivas en tu corazón, te darán poder.

En esos atardeceres, cuando al ocultarse el Señor Sol Kinich Ahau por el poniente, se asomaba la Reina de la Noche, Ix Chel, por el oriente, acompañaba a sus padres y hermanos al cenote, donde entonces todos se reunían a nadar, retozar y reír; chistes y chismes corrían de boca en boca, y las parejitas se abrazaban bajo las aguas frescas y cristalinas. Pero cuando ya era noche y aparecían las primeras estrellas, todos debían retirarse, estaba prohibido permanecer en la gruta. Solo los viejos del Consejo se quedaban allí, y también Balam Chaac, por indicación del jefe del clan, junto con sus abuelos. Cuando la Luna Llena alcanzaba lo más alto del cielo, los árboles se transformaban, de las estrellas caían unas aves resplandecientes, las aguas giraban en veloces espirales, y los viejos y el joven se despojaban de sus cuerpos dormidos para volar por mundos de magia y esplendor, y por las espirales del agua del cenote penetraban al corazón de la Madre Tierra, la Gran Jaguar.

Cuando la Luna se acercaba al horizonte, el Jefe transmitía las instrucciones que había recibido del Cielo y de la Tierra, y luego se iban a un breve reposo antes de iniciar sus tareas cotidianas. Así, una noche dijo:
El cielo se conmueve porque se acerca la gran noche cuando de las estrellas descenderán sus luces para sembrar la grandeza en la tierra. La Madre sufre los dolores de ese gran parto. Por todas partes se agrieta, parece enferma, pero sus aguas y su viento se están regenerando para recibir a esas criaturas del cielo en su seno. Nuestra estirpe será dignificada juntamente con la humana. Balam Chaac pronto cruzará ese puente olvidado, es mandato del destino. Debemos protegerlo para que las tinieblas no se crucen en su camino. En ello van nuestras vidas. Muy próxima está la aurora que abrirá el umbral a esas luces.

A los pocos meses Balam Chaac cumplía 18 años de edad, y 13 de su convivencia en el reino de los jaguares. Fue celebrado con una gran fiesta en el cenote. Se invitó a todos los habitantes de esa selva. Era sorprendente, increíble, ver juntos venados y jaguares, serpientes y pájaros, reptiles y peces, una multitud abigarrada y dispar celebrar alegremente, en paz y amistad, ese doble cumpleaños, la pronta iniciación del joven, y sobre todo, la profecía que se estaba cumpliendo en él, y que despertaba tantas esperanzas.

Al caer el Sol, el jaguar shamán celebró un breve ritual, y ante la asamblea se dirigió al joven:
Amigo Balam Chaac, quiso el destino traerte a nuestro mundo. Te aceptamos con amor porque sabemos lo que tú ignoras, el sello que al nacer recibiste del cielo y que te ha conducido a este momento, final y comienzo para ti y para nosotros. Vas a ser iniciado ahora en nuestros misterios. El velo que el Señor Chaac tendió sobre tu memoria, debe descorrerse para que veas la verdad de tu destino y cumplas con él. Para ello necesitas poder. Ese poder  vendrá a ti cuando abras los registros del tiempo sellado en tu corazón. Yo seré tu guía y compañero en tu iniciación. Irás por un camino diferente al nuestro, pero siempre estarás unido a nuestro clan. Acompáñame. De esta manera empezó el jaguar shamán su tarea de iniciar al discípulo, el hombre jaguar.

II: LA INICIACIÓN DEL HOMBRE JAGUAR

Verás, jovencito. Tu mente está fresca, libre aún de pasiones desbordadas que empañan el cristal de los ojos. Sin embargo, tu memoria ancestral está cerrada por los velos piadosos del olvido. Caminaremos juntos por esos oscuros pasadizos, te ayudaré a romper cerrojos y te acompañaré al otro lado de la montaña del tiempo. protegiéndote del mal y de  tentaciones, para conducirte por los mundos ocultos hacia tu corazón radiante.

Así habló el shamán, al encaminarlo al reino del misterio. Balam Chaac se despidió de su familia jaguar con dolor pero con la promesa de reencontrarse algún día. Se encaminaron los dos al cerro de los abuelos, quienes los recibieron con cariño. Ya estaban enterados del propósito de la visita, y lo tenían todo preparado. Se sentaron en círculo los cuatro ante el sol tibio de la mañana. Después de elevar sus preces y cantos rugientes al Padre Sol como enviado del Gran Sol Invisible, el shamán le narró al chico el devenir de soles y lunas; eran historias fantásticas de escenarios sucesivos de la vida;  espacios naturales donde brotaban y desaparecían mundos, especies, seres, aconteceres y cataclismos, todo regulado por la cadencia de los tiempos, los siglos parecían horas en ese desfilar de las edades; selvas y civilizaciones surgían y desaparecían en oleadas incesantes, como las olas que se elevan en la mar y van a morir en la playa una tras otra, sin descanso, en un perenne repetir demoledor.

Es lo que llaman el tiempo, que para nosotros es una danza incesante, con cambios constantes de ritmo según las pulsaciones cósmicas que hacen bailar a nuestra Madre Tierra, la Gran Jaguar, y a ese compás todos bailamos obligados.

Ahora el abuelo toma la palabra. Relata la historia de su raza, muy poderosa en épocas remotas, gobernando en muchas tierras cuando el Sol aún no daba su brillo. Narró el génesis del primer jaguar, modelado por los dioses nocturnos que aún centellean en las noches claras. Cómo le asignaron una misión en la penumbra de los primeros tiempos, cómo le enseñaron el misterio de la procreación y a consultar a la Reina de las Noches durante los plenilunios. Cómo este gran maestro y padre de la raza peregrinó por el mundo enseñando las leyes de la selva, gestando en un sueño su pareja, logrando una descendencia numerosa que repartió por las selvas, que entonces cubrían casi toda la superficie del planeta.

Al final de sus días escogió entre sus hijos mayores a los 4 Balam, Pilares del Mundo, para fundar los clanes mayores que establecieron nuestro imperio. ¡Qué tiempos de gloria aquéllos para nuestra raza! Pasaron las edades, y llegó el temible momento profetizado por nuestros sabios: el fin de la Edad de la Penumbra y el comienzo de la Era Luminosa. Estábamos llamados a contribuir al advenimiento del Hombre y a compartirles nuestro poder. Vino del cielo con el primer rayo del Sol un infante, semejante al Gran Abuelo Creador, de rostro felino y piel como la nuestra,  poderoso pero tímido a la vez ante un mundo que aún no conocía. Lo educamos con esmero, y para alimentarlo el Señor Chaac nos ordenó traerle el kauil (maíz) desde la Montaña de los Venados; así, por largo tiempo, convivimos hombres y jaguares, junto con todas las criaturas, en un reino de armonía, sorpresas y abundancia.

 

Vino la Era del Fuego, se desataron los volcanes y con ellos las pasiones. Pocos podían controlar tanta energía corriendo por su sangre. Entonces se rompió la Santa Alianza Universal en una escena de celos y ambiciones. Un día uno de los nuestros mató a un hombre. Nunca antes se había visto el terror de la muerte, el odio y la desesperación, terror que contaminó a todos, acabándose así aquel paraíso de amor. Vino la venganza, ataques y contraataques. Perdimos muchas tierras, se acabó el imperio, quedamos confinados a pocas zonas en el mundo, donde se ha mantenido una convivencia relativa. Hemos esperado pacientemente este momento a través de los siglos, momento profetizado por nuestros ancestros, la hora del reencuentro y la reconciliación, la Era del Aire, de las Estrellas.

Eres tú la profecía cumplida. Tu padre, por azares del destino sabio, mató al elegido, a nuestro nieto, destinado a unir, iba preparado para procurar un primer acercamiento, y el anuncio fatal se cumplió. Encarnaste luego como humano, y te envolvieron tus padres en tu propia piel felina. De esa manera iba a cumplirse el reencuentro, el acercamiento, con muerte y vida, y no con palabras. Así, oh Voluntad del Cielo, viniste a nosotros… Debes recordar. ¿Recuerdas, nietecito? -Me es difícil pensar en eso, abuelo. ¿Cómo recordar?…

-Pronto, vamos al Corazón de la Tierra, replicó el shamán.

Se encaminaron a una oquedad en el cerro, la llamaban la Boca del Rey Jaguar. Bajaron a una gruta profunda. El brillo de los cristales incrustados en las paredes, iluminaba los corredores. Entraron los cuatro a una pequeña sala inundada por un resplandor verde esmeralda. Los abuelos entonaron un lúgubre canto adormecedor, y el joven, en un estado mental de transparencia, contempló cómo la Tierra se achicaba más y más, desde lejos era un pequeñísimo electrón, y el sistema solar un átomo; su ojo interno se adentró en su cuerpo, navegó por ríos de agua roja cayendo en cascadas, subiendo en nubes cálidas, atravesaba desfiladeros, selvas, lagos, un girar incesante que se hacía música y canto; un canto que dio paso a un gran rugido de jaguar al llegar al pecho y enseguida al hermoso tam tam interminable de un tambor maya; sus ritmos e intensidad variaban, invitaban a danzar; girando y girando, su cuerpo crecía enormemente, sus átomos se convirtieron en sistemas solares, y en alguno, en un átomo de su cuerpo, vuelto sistema solar… ¡vio un pequeño electrón deviniendo una Tierra igual a la nuestra…!

Despertó agitado y asombrado de su cuerpo y sus misterios.
Pero su mente siguió girando, como un furioso huracán, que la empujó hacia una selva en llamas. Vio a su padre humano morir por el fuego que provocó el rayo en la aldea; su madre, corriendo a buscarlo desesperadamente, para encontrarlo muerto; enloquecida de dolor y miedo, sin acordarse de su hijo, huyó con los supervivientes, para morir a los pocos días. Luego se vio nacer como jaguar en una noche de lluvia, en el instante del parto un rayo inundó la cueva iluminándola; por eso el shamán vio cumplida en él la profecía y lo preparó para el reencuentro, que se cumplió inesperadamente, cuando el hombre que lo mató le tocó ser su padre…

El jaguar de piedra abandonado en la destruida aldea, parecía hablarle, pero él no entendía, no alcanzaba a escucharle.

En eso terminó el canto de los abuelos, y el joven recuperó su conciencia, lloró y se abrazó a los tres. El shamán sentenció: No hay tiempo qué perder. Sigamos penetrando y profundizando.

Los abuelos regresaron a la superficie. Los dos intrépidos peregrinos bajaron ágilmente entre piedras agudas, corrientes espumosas y cascadas, hasta penetrar a la siguiente cámara. Los cristales la inundaban de un azul intenso, espléndido, parecía un cielo que se reflejaba en el agua cristalina del piso como una alfombra tenue, vibrante, musical.

Entremos al agua, indicó el shamán, sumergiéndose de un salto. Pero Balam Chaac rebotó sobre el manto de luz azul, golpeó su cabeza contra una roca saliente, e inconsciente cayó suavemente sobre ese manto azul; lento, muy lento, el agua lo atrapó y se fue sumergiendo hasta el profundo fondo. Un grato sueño lo invadió; era un pececillo nadando entre muchos, jugueteando todos con remolinos y corrientes; un coro dulce, suave, brotó de sus gargantas. Empezó a revivir en su memoria un mundo acuático, continentes sumergidos, algo pugnaba por brotar entre las brumas de su mente. Súbitamente, el canto coral se tornó en un rugido ensordecedor, todo se oscureció; estaba siendo devorado por un pez muy grande. La desesperación lo despertó; tragaba agua por la nariz, se ahogaba. Moría en los dos mundos. Los segundos se hacían eternos, el tiempo parecía detenido. Mientras más pugnaba por sobrevivir, más dolorosa era la agonía… …

(La 2ª parte continuará en el siguiente mensaje)

Relato inspirado en  figuras que observé en los relieves naturales e irregulares de las paredes de un cenote, que en mi mente se reunieron para constituirse en un flujo de ideas que fueron tomando forma literaria sobre el papel durante los diez días de permanencia en la península yucateca. El cenote se encuentra en los terrenos del Centro Naturista Moo – Ji, regentado por la curandera maya y doctora en medicina, Ana María Moo, en las afueras de la ciudad de Mérida, Yucatán, donde participé en su seminario de una semana, en agosto de 2002. A ella expreso mi gratitud por sus enseñanzas sobre jugoterapia y regeneración celular como claves para una salud integral y para curar las enfermedades graves y rejuvenecer, herencia de su abuela maya. Un tesoro de la cultura maya a nuestra disposición gracias a su entrega al servicio de sus semejantes.

Sat-Arhat Titolopochtli,  Educador, Domingo Días Porta  

www.academiadelsaberancestral.com  www.amasenda.com

http://mayananswer.over-blog.com/article-el-jaguar-entre-los-mayas-42335365.html

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