Extracto de la enseñanza del Colegio Iniciático – Parte 05.

Por el Venerable Maestro Domingo Días Porta.

El Colegio Iniciático estudia estas cosas de la sabiduría de siempre, de cómo es. Hablamos del Libro de los Cielos, de la Astrología, de por qué los sabios antiguos pusieron esas figuritas de animales en las estrellas. ¿Qué nos quieren decir con eso? ¿Por qué en las cúpulas de las catedrales están representados los cuatro evangelistas, y cada uno con un animal del zodíaco? A San Marcos le ponen un león con alas a los pies; detrás de San Mateo un ángel, o sea, un hombre con alas; a todos les ponen alas, y son los signos del zodíaco. El toro es Tauro; el león es Leo; el ángel es Acuario, el hombre celeste; y el águila es la constelación de Escorpio, que es águila o serpiente-águila. ¿Por qué esos signos? ¿Por qué no ponen otros? Es que son los signos “fijos” del zodíaco, son los que dan estabilidad, los que tienen el poder, el control de ellos mismos, la serenidad, la paz que Cristo llevaba, el mensaje de paz, pues siempre saludaba dando la paz. Entonces, esos signos representan la serenidad, la fortaleza interior.



El León trae fuego, es un signo de fuego. Tauro es signo de tierra (el trabajo en acción), su palabra clave es Querer, el querer de la voluntad, querer hacer las cosas, querer sanarse y superarse. Acuario es el Saber, es un signo de aire, es la mente iluminada. Y San Juan representa el Callar, o sea, el trabajo interno, la meditación, la oración; en vez de ver los defectos de los demás para criticarlos, ver los propios defectos. ¡No veas la paja en el ojo ajeno, ve la viga que hay en tu ojo! Es el trabajo interno, los momentos de silencio para superarnos, son las cuatro claves; pero eran doce apóstoles, y cada uno representa un signo; entonces, cada signo del zodíaco es como un libro, como un Evangelio.
Hay una sabiduría que estudiar. La Astrología no es simplemente para hacer horóscopos, para adivinar detalles, sino para la iluminación del alma humana; para que comprendan que nuestra patria está en el cielo; nuestro origen, nuestro Génesis, el eslabón perdido no es el que nos une a los animales, el eslabón perdido de la humanidad es el que nos une al cielo, al reino del espíritu. ¿Cuándo se perdió? ¿De qué forma se perdió la unión con la luz, con las entidades luminosas, con los seres de luz? Y ahora andamos en la sombra; pero todo eso está guardado en la memoria ancestral; pero hay que despertar esa memoria; no está en los libros, todo está grabado en nuestra piedra, en la piedra gris, en el cerebro que, como dicen los alquimistas, es piedra bruta que no entiende nada, pero a la que hay que trabajar para que sea piedra filosofal, para que se active la memoria de hace 20 años, de 40 años, de la encarnación pasada, de hace 10 encarnaciones. Y, ¿para qué queremos conocer las encarnaciones pasadas? Hacíamos lo mismo que ahora: comer, trabajar, estudiar, relacionarnos con la gente… Lo importante es recordar nuestro origen, la fuente de donde vinimos. Uno no nace cuando nace el cuerpo, ni muere cuando muere el cuerpo. Entonces, ¿de dónde venimos? ¿Cómo se gestó nuestra alma?



Esto es importante vivirlo, experimentarlo, porque si lo único que hacemos es leerlo en los libros, no nos cambia la vida. Está bien, lo leímos, y seguimos en lo de siempre; pero el día que nos llega la experiencia que ilumina, el día en que se enciende el cerillo, nuestra vida se transforma, salimos de las congojas, de las presiones, de las sombras, y la gente siente la trasformación, y un persona en ese estado elevado de su conciencia puede ser un científico que transforma la ciencia , y en vez de estar inventando armas y aparatos que dañan a la naturaleza, le da a la ciencia un vuelo espiritual, puede ser un gran político, pero un político depende del destino al que sabe enrumbar a su pueblo, no que va a engañar, a dejar las cosas como antes, sino que, al fin, trae un poder muy grande.



Según el destino de aquel que alcanzó una luz, él va a ocupar un lugar en el cambio de la sociedad; entonces el Sendero Iniciático es la misma vida. El camino a la verdad y la vida son una sola cosa, el discípulo aprende a hacer de su vida un sendero de ascenso, en vez de hundirse y hundirse se va elevando y elevando, porque en la vida es donde está la Presencia Divina, no en la biblioteca, no en la iglesia, no en un edificio o en una universidad. En la escuela de todos los días es donde está el poder grande para redimirnos, para transformarnos, y la verdad la tenemos todos los días, cada día tiene su verdad, su enseñanza importante, y antes de acostarnos debemos meditar sobre cuál fue la enseñanza del día. ¿Cuál fue la lección más importante que tuve hoy? ¿Cuál fue mi acierto? ¿Cuál fue mi error? ¿Qué encuentro tuve hoy? ¿Con quién, con qué me encontré hoy? ¿Cuál fue la sorpresa? Y así vamos tomando la verdad de cada día y, verdad tras verdad, día tras día, escalón tras escalón, vamos llegando a la meta de la vida que no es la verdad, sino la sabiduría, o sea, la libertad.



El sabio es un hombre libre, nadie lo puede asustar o acongojar, pues la verdad nos hará libres; la verdad es el camino que nos llevará a la libertad; pero tenemos que entender la palabra libertad, porque se manipula mucho con la verdad y la gente se confunde. Cada secta religiosa nos dice: la verdad está aquí o está allá. La verdad no es para cosas de política, no es para confundir a la gente, es para iluminar; pero, como dijo el Cristo: la verdad, el camino a la verdad, y la vida son una sola cosa. Entonces la verdad está en la vida, la verdad no está en los libros, la verdad es muy grande, no se la puede aplastar para meterla en un hoja de papel, no cabe; ningún libro tiene la verdad, es imposible; si en un libro no hay frutas no se puede comer, hay fotos de fruta, pero esas fotos no se pueden comer, esos árboles fotografiados en los libros, no dan frutos, no crecen, no producen semillas, nada; si la fotografía de los árboles en los libros no puede dar frutos para alimentar el cuerpo, menos puede alimentarnos el espíritu.



(A continuar)

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