Día de la desgracia racial

12 de octubre de 1492

El mayor genocidio en la historia de la humanidad

Ya ni se enseña ni se obliga a celebrar esa fecha como el “día de la raza” en los países de la América mal llamada “latina.”  Y en Europa nunca se la ha celebrado como día del “descubrimiento de América”, pues saben muy bien que nuestro continente ya estaba descubierto y habitado y contaba con civilizaciones milenarias a lo largo de su antiquísima historia. Sólo aquí desde la escuela primaria se implanta en los cerebros esa falsedad.

Lo único que se descubrió ese día fue la ignorancia de la época medieval europea: la creencia de que la Tierra era plana y cuadrada, y que los navegantes, al llegar a la orilla de ese plano, se perderían para siempre en el espacio infinito.

Ese día, Amerikua dio una lección magistral de historia, geografía y astronomía, la primera de muchas que seguirían para sacar a ese mundo de las penumbras de la ignorancia y la superstición.

Pero también ese día llegó a sus costas, no cultura ni civilización, sino el fanatismo, la ambición, la esclavitud, imperialismo, racismo, enfermedades desconocidas aquí, usurpación y robo, pérdida de la libertad y la dignidad, la barbarie, en fin.  La sombra de tantos males se abatió por todas direcciones, tanto que aún sus pueblos no se recuperan de ese trauma doloroso que hasta hoy no termina.  Los santuarios iniciáticos fueron destruidos, para montar encima casas de barro donde imponer credos despojados de la ciencia sagrada.

 África, el hermano y vecino continente, también sufrió el vandalismo de las huestes bárbaras, juntas ambas tierras compartieron tan doloroso destino, fueron encadenadas a las fuerzas del mal, víctimas del racismo explotador.  Los descendientes del régimen esclavista y usurpador  continúan adueñados de los recursos humanos y naturales del gran continente, imponiendo una ideología deformada desde la escuela primaria.  Por eso prevalece todavía un colonialismo mental, una dependencia de lo extranjero, un complejo de inferioridad impuesto por los invasores, mal llamados “conquistadores.”

Felizmente, todo lo que un día empieza otro día termina, lo que nace ha de morir.  Ese día ha llegado, ya la pre alba del resurgir del gran continente despliega sus primeros resplandores.   A nuestros pueblos se les van reconociendo sus derechos humanos, se empieza a respetar su cultura, su dignidad, su espiritualidad, sus tierras (toda Amerikua les pertenece, la propiedad privada de tierras hoy es producto de un robo hecho por los invasores, todo el ordenamiento legal está falseado por las mentiras que trajeron.)  Ya empiezan a funcionar de nuevo las universidades de la indianidad, si vale utilizar este término.

Costará todavía sacar del subconsciente la falsa historia y sus lamentables consecuencias: una visión falseada de la vida, una creencia sin sapiencia, una dependencia de lo extranjero, una pasividad que deja explotar las riquezas naturales para llevarlas lejos, quedando aquí la pobreza y el subdesarrollo, una complicidad de las castas dominantes con ese colonialismo exterminador.

Y es que el mestizo se forjó en ese caldero de odio y sufrimiento: hijo del padre tiránico, con  látigo en  mano, y de la madre india o negra, violada, discriminada, explotada, burlada, aprendió a ponerse del lado del padre para evadir el látigo, y a despreciar a la pobre madre andrajosa.  A preferir lo extranjero y a despreciar lo indio, lo autóctono, lo más nuestro.  Así creció ese batido racial, ese mestizaje físico incapacitado para lograr una síntesis cultural, un verdadero crisol de pueblos, una amalgama espiritual.  Hasta la palabra “madre” fue ensuciada.

El amanecer de Amerikua, sus pueblos, su cultura, su espiritualidad, su ciencia humanista, no industrial ni contaminante, va llevando en sus alas por todos los horizontes un mensaje alentador y visionario.  Por todas partes las gentes responden, cansadas del vacío existencial, de su modo de vida materializado.  No son turistas los miles que van cada día a Machu Picchu, a Teotihuacan, a Chichén Itzá, a Copán, con los chamanes del Amazonas, de los Andes, de Amerikua Norte.  No, más bien son peregrinos de la cultura y del espíritu en busca de manantiales puros donde saciar su sed interior, donde alimentar una fe verdadera, donde recuperar la auténtica visión de la existencia.

Por todo ello he propuesto, desde hace más de treinta años, llamar este como el día de “la desgracia racial”.  Y el día siguiente, 13, como el “Día  Primero de la Liberación Cultural”, por razones harto comprobadas.

Entonces, la fecha de hoy que no sea de celebración sino de recogimiento, meditación, invocación y también de perdón y rectificación del error histórico llamado “descubrimiento.”

Mañana ya hablaremos otro lenguaje.  Pero ahora, un homenaje a nuestros pueblos originarios, autóctonos, sabios, supervivientes de la hecatombe, que el Gran Espíritu los siga bendiciendo con la belleza de sus paraísos naturales.  Y que nosotros seamos capaces de convivir con ellos, de compartir su cultura, su idioma, su espiritualidad, y de brindarles todo el apoyo que necesitan para recuperar su libertad creadora.

D.I.O.S. bendiga a Amerikua, Tierra de los Vientos, para la redención cultural de toda la Humanidad.

Guía y Custodio de la Tradición, Presidente de L.H.A.S.S.A.,

Domingo Días Porta

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